Ver Abstrac en Arquitectonics 2014


En el paso de lo virtual a lo real de las ideas arquitectónicas, muchos son los procesos que intervienen, que conducen a la reflexión, al método de traslación de las ideas a lo concreto, de la misma expresión física o tangible de esas ideas, y su exposición ante un público, cliente y constructor. Con la práctica de la profesión estos procesos van ejecutándose con la ayuda de la memora hábito (Bergson, 2006), pero nos preguntamos, ¿cómo aprende un arquitecto a dominar este proceso de diseño?, ¿Cómo puede un profesor enseñar a su alumno con la propuesta arquitectónica que le presenta?

Un camino recorrido nos muestra Linares (2006), con sus tesis doctoral “La enseñanza de la arquitectura como poética”, que representa el punto de partida de esta investigación de carácter teórico-práctico. Linares define una pedagogía del reconocimiento que asegura un aprendizaje, con la participación emocionada del alumno en el proceso de corrección en taller, lo cual constituye la base fundamental para relacionar con los aportes de otros autores como Ricoeur (2005), con su último libro “Caminos del reconocimiento”.
Ricoeur establece la importancia de la reciprocidad en la acción del reconocimiento y nos presenta una polisemia que va desde el reconocimiento como identificación, como ipseidad y finalmente como gratitud. Estas acepciones del término o podemos llamarlos caminos, constituyen los objetos del paralelismo hacia la arquitectura, objetivo de esta investigación, realizada en distintos escenarios, siendo el ejercicio del taller de diseño en la carrera de arquitectura UNET, el que se presenta para esta comunicación.
Se trata por tanto, de evaluar en el ejercicio del taller de la asignatura Proyectos 2, cómo el reconocimiento se hace presente en el aprendizaje, para ello al final de cada corrección el profesor estudia la relación entre sus observaciones y la reacción del alumno ante ellas, con la ayuda de un formulario donde el estudiante puede indicar los aciertos, errores y si hay descubrimientos en su propia propuesta arquitectónica. Esta práctica exige del docente, una actitud fortalecida por aportes sobre pedagogía, puesto que quienes laboramos como instructores de taller hemos sido formados como arquitectos.
Tomando como referencia la pedagogía aplicada en la educación a distancia (Romero, 2007), por ser también una actividad distinta a la enseñanza convencional de un aula de clase, podemos extraer una guía perfectamente aplicable a la enseñanza de taller. Para ambos es imprescindible la activación de un aprendizaje interactivo, y esto solo se logra si el estudiante se siente protagonista de su propio aprender; a la vez que la relación docente-alumno debe darse en un trabajo colaborativo y de retroalimentación, donde las observaciones del instructor deben ser claras y dotadas de una actitud motivadora.
Ha resultado de esta experiencia, que no sólo el reconocimiento interviene en el aprendizaje del proyecto, sino que además se presenta con la misma polisemia citada, donde el alumno reconoce por identificación de sus errores y aciertos, también se reconoce a sí mismo, y al final del proceso mediante la evaluación, es reconocido por los otros. De esta manera, adentrándonos a este proceso complejo de enseñanza en el taller de diseño, quienes laboramos como docentes, podemos ser más conscientes y efectivos en el papel que desempeñamos como guías, en un camino donde quienes se inician en la carrera de la arquitectura, pueden de cierta manera, descubrirse a sí mismos.
Bergson, H. (2006) Materia y memoria. Ensayo sobre la relación del cuerpo con el espíritu. Buenos Aires: Cactus
Linares, A. (2006). La enseñanza de la Arquitectura como poética. Barcelona: Edicions UPC.
Ricoeur, P. (2005). Caminos del reconocimiento. Madrid: Trotta
Romero, C (2007). Enseñando a distancia. San Cristóbal: FEUNET